La politiquería hace más daño que la marihuana

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“…sería como prohibir el consumo de chicharrón y azúcar, en razón a que médicamente o científicamente – si se quiere-, se ha probado su daño a la salud con el consumo en exceso”.

Con la sentencia sobre el consumo de bebidas alcohólicas y de sustancias psicoactivas en espacios públicos, la Corte Constitucional buscaba hacer un enlace razonable entre los deberes y derechos de los ciudadanos que estamos sometidos al imperio de la ley. El primer entuerto analizado por el alto tribunal fue la prohibición impuesta por el Código de Policía y convivencia al consumo en espacios públicos. En ese sentido, para la Corte, a pesar de buscar el irrenunciable derecho a la tranquilidad y las relaciones respetuosas, la normativa del código lo estaba realizando de manera equivoca, con lo cual no se alcanzaría dicho fin, es decir, no se debería convertir en multa una conducta que no cumple con los parámetros de la misma, ya que ella cuenta con otros medios que pueden lograr la eficacia de la normativa, sin necesidad de imponer una extensa limitación a la libertad.
Si bien es cierto que el consumo de estas sustancias alteran la tranquilidad social, no es menos cierto que fumarse un “porro” o tomarse unas “polas”, solo afectan el bien jurídico propio, esto es el autodaño, el cual no podría jamás penalizarse, pues quien crea el daño per se es la víctima, por lo tanto aplicar una sanción punitiva al consumidor sería como castigar a quien sobrevive de un suicidio, no obstante se deben aplicar soluciones profilácticas y tratar el problema como de salud pública y contravencionalmente, empero, como ya lo ha prescrito el código.

Es que los togados declararon inexequible fue la “prohibición del consumo” en espacios públicos, en otras palabras, no siempre que se consumen sustancias “prohibidas” se afecta la tranquilidad pública...

La tergiversación mediática es aprovechada sutilmente para que algunos sectores políticos, que hacen más daño que las sustancia prohibidas, manipulen el pensamiento colectivo con la intención malsana de desacreditar la corte. Es la politiquería sin racionalización.
Es que los togados declararon inexequible fue la “prohibición del consumo” en espacios públicos, en otras palabras, no siempre que se consumen sustancias “prohibidas” se afecta la tranquilidad pública; lo anterior, teniendo en cuenta que se está prohibiendo algo de manera general y no específica, por ejemplo: sería como prohibir el consumo de chicharrón y azúcar, en razón a que médicamente o científicamente – si se quiere-, se ha probado su daño a la salud con el consumo en exceso. Muy a pesar de que con esta decisión el individuo consumidor transitan por el nefasto camino que conduce a las enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares. En este sentido, mal haría el legislativo prohibir conductas que solo afectaren la salud de los individuos que libre y espontáneamente decidieron consumir algo que los perjudicaba. Por el contrario, lo que debe hacer el Estado es realizar campañas de prevención y concientización ciudadana.
Finalmente, en los países medianamente desarrollados el tema del consumo de un porro de marihuana es irrelevante, para ellos es más importante el bienestar general, y sobre todo, el cuidado de los niños; así mismo, están más preocupados por el medio ambiente que por estos temas ya superados. Sin embargo, he visto últimamente un sin número de ciudadanos que pretenden regresar al Estado pretérito, en el que no existían las libertades individuales.

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