Elogio a la pobreza

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Existe una igualdad material entre el rico mezquino y el pobre de corazón, los une la indolencia social, el rico vive del egoísmo del pobre, quien a su vez decide continuar   reproduciéndose y multiplicando las desgracias...

Por Néstor Pérez Gasca

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Espero con optimismo trágico que estos momentos de confinamiento, el cual jamás esperamos, puedan servir para reflexionar sobre cómo atacar una de las peores “calamidades” que han venido sufriendo un gran número de ciudadanos del mundo: la pobreza extrema. Para esto es importante estudiar los orígenes de las causas que alimentan las desigualdades e impulsan el crecimiento exponencial de esta curva que hace mucho tiempo alcanzó el “pico”, y a pesar de su gravedad, poco o nada se ha podido avanzar; es evidente que esta crisis social no para de crecer, parece que el “remedio” para este infortunio  no está ni siquiera en  la  voluntad  de quienes tienen  el deber y los medios para amilanar estas  pesadumbres.

No creo  equivocarme al pensar que existen cierto grupo de hombres y mujeres que elogian a la pobreza, unos de forma pasiva y otros de forma activa. En consecuencia, existen dos tipos de herencia: la pobreza pasiva y la pobreza activa. La herencia pasiva es la que se lleva en la sangre y es pasiva porque simplemente sucede y ya está. Pero la herencia activa, se llama así porque es un comportamiento de los padres que se trasmite a los hijos y que estos imitan, como por ejemplo “la felicidad artificial” esa que esta cimentada en idealizaciones de estilos de vida ilusorios y ficticios, que en poco o nada favorecen a la humanidad.

Y cuando hay pobreza, también hay ignorancia, poca educación, mala alimentación y defensores de ideas políticas periclitadas que van en contra del compromiso con la realidad como lo decía Joan Prats. Igualmente, en palabras de García Márquez,  con mucha clarividencia, es menester resaltar que la falta de educación y la ignorancia son la base de un “mundo feliz”, en el cual nos manipulan y nos encadenan con modelos estandarizados de vida que se supeditan en nacer, reproducir, morir y por su puesto siempre deber.

Ahora bien, existe una igualdad material entre el rico mezquino y el pobre de corazón, los une la indolencia social, el rico vive del egoísmo del pobre, quien a su vez decide continuar   reproduciéndose y multiplicando las desgracias, pero nunca aquella felicidad tan anhelada en la cual cree vivir.

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