Cuando fui Uribista

Opinión
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La historia está mostrando que la solución a nuestro conflicto no solo estaba en manos de los militares. 

Hace unos años agobiado por el rencor que quebrantaba mi tranquilidad al percibir que estábamos sometidos al imperio de los vejámenes de FARC contra nuestro pueblo, tenía solamente en mi corazón el sentimiento inconciliable del aborrecimiento fútil hacia aquellos que nos habían causado tanto daño, la única posible esperanza nacía de un ser que parecía ser designado por la divina providencia como el salvador, alguien con dotes de buen orador, carácter recio y sobre todo perfil austero; creía que nuestro país necesitaba alguien que pudiera poner la casa en orden sin importar las consecuencias, no importaba si era a través de la fuerza bruta, teníamos sed de venganza contra los facinerosos, habíamos llegado a la conducta vulgar de legitimar muertes de los actores del conflicto, nos habíamos convertido en esa clase de sociedad que media el éxito de la seguridad, no por la ausencia de muertes sino por la abundancia de las mismas, celebrábamos la muerte sin misericordia ni timidez, en tanto que pensábamos que eran “buenos muertos”.

Había caído, bajo un raro efecto de enamoramiento hacia “la mano dura y corazón grande”, era como si una fuerza superior nos obligara a legitimar al gran líder que pregonaba la seguridad democrática, como bastión del Estado de opinión, sistema político este, introducido por un filósofo contemporáneo familiar de un otrora narcotraficante.

La historia está mostrando que la solución a nuestro conflicto no solo estaba en manos de los militares. Con el tiempo y con algunos avances en mis estudios universitarios, pude vislumbrar que existían unos elementos que alimentaban el conflicto de manera irreversible  y no era solamente el odio visceral entre hermanos colombianos, también lo alimentaba la falta de oportunidades, la desidia social y sobre todo la ignorancia. Esta quizás ha sido la mejor arma de manipulación ciudadana, es tan eficaz la misma, que nos demuestra que como sociedad culpamos a los que marchan pacíficamente en contra de nuestras desgracias  y no a los progenitores que las han creado, estamos culpando a una sociedad que está despertando lentamente y reaccionando en contra de los promotores del Estado de Opinión que según “eruditos” algunos es superior al del Estado de Derecho ¿qué dirán los filósofos Griegos en el Olimpo?

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